Que tu
Tu boca
Soy
La princesa que despertaste, en el bosque de la soledad
La compañera buena que sirve
La reina, de la casa, del universo, del mundo cuadriculado
La que amas.
Soy, también lo que imaginan que soy
La amate incansable que después de ti
Va en busca de migajas en la calle
La mentirosa despiadada que dice que te amo
En muchas camas de espinas
La madre de los malos hijos del mundo
Soy una mujer en mil mujeres
La que tú crees que soy,
la que ven los vecinos salir vestida de felicidad
Soy mitad ángel mitad demonio
la que trabaja, la que trae dinero, la que gasta
la que ríe, la que llora, la que no quieres
la que se quiere
soy la que –ahora- se va.
Se solicitan 20 oftalmólogos para Acarigua – Araure
...
Bienvenidos a Garzón
¿Alguna vez les ha tocado entrar al supermercado Garzón a la hora que abren la tienda?. La primera vez, (y espero que la última) que me pasó, no podía contener la vergüenza de tener a un grupo de muchachos, entre cajeras y de mantenimiento, parados haciendo una túnel humano, al tiempo que sonaba una música de fondo con la agradable voz de una mujer diciendo “bienvenidos a Garzon, estimada clientela, feliz día” y no recuerdo que mas; mientras los empleados que hacían el túnel humano, aplaudían enérgicamente y gritaban bienvenidos, bienvenidos, feliz día, bienvenidos.
El pasillo se me tornó eterno, no podía con mi sorpresa, porque -la verdad- nunca he sentido buena atención en ese supermercado. Así que tener a todos los empleados parados en el pasillo aplaudiendo, además de parecerme una hipocresía, me parece una degradación para esos pobres empleados (que siempre andan amargados), tener que estar allí un jueves santo, aplaudiendo a los clientes que más tarde atenderán a las patadas.
Caminé con pasos largos, hasta llegar a una de las cajas y logré salir del túnel humano, dándoles la la espalda mientras ellos aplaudían a otra gente que entraba después de mí. Una señora les decía gracias, buenos días. Yo muda, sorprendida, me sentía como cuando un enemigo te viene a saludar con un beso y un abrazo. Paralizada.
Para comenzar, fui a Garzón –solo- porque no conseguí un producto en los otros supermercados a los que prefiero ir. Porque indefinidas veces he comparado precios y es mucho más caro allá, razón por la cual, solo voy cuando no me queda más remedio. Tomé lo que iba a comprar rápidamente y fui a pagar, buenos días me dijo la cajera, me dio el monto, le pasé la tarjeta, me tiró un lapicero y el Boucher, firmé y coloqué mi número de cédula, me lo devolvió porque no coloqué el teléfono; nunca he entendido para que piden el número de teléfono en los bouchers de compra.
Guardé mi cédula, tarjeta, y Boucher en algún lugar de la cartera y caminé relajada por el mismo pasillo que minutos antes me aplaudían como en una alfombra roja. Cuando llegué a la puerta para finalmente salir de allí, un hombre grande, gordo, con una barriga prominente que le prensaba la camisa del uniforme y delataba la guardacamisa blanca entre un botón y otro; me pide la factura. La factura, siempre olvido que en la salida me van a pedir la factura. Me pregunté por qué no hacen igual que en Makro, que cuando pagas, la cajera te dice: “no guarde la factura que se la pedirán en la puerta”. Pero no, si está cajera apenas habló lo mínimo necesario.
Ya en la puerta, buscando la factura en la cartera, que dicho sea de paso tiene múltiples bolsillos, el hombre se tornaba impaciente, me decía, busque en los bolsillos, busque en la bolsa de la compra, busque otra vez en la cartera. A todo le hice caso, busque en la cartera, saqué algunas cosas buscando luz dentro de esa cartera que a veces parece no tener fondo, busque en la bolsa, en los bolsillos y nada. Le dije desesperadamente, no la encuentro.
Nada lo conmovió, en ese momento se multiplicó su gordura hasta parecer una nevera postrada en la ancha puerta de salida, le volví a decir que no la encontraba y me mandó a que se la pidiera a la cajera. Allí iba yo otra vez, caminando por el pasillo de los aplausos, que ahora se me tornaba eterno. Llegué a la caja, le pregunté a la muchacha si acaso ella no me había entregado la factura. Subió las manos, en un gesto que decía, a mí que me revisen, al tiempo que pronunciaba enérgicamente “yo se la di”. ¿Acaso si no encuentro la factura no puedo salir? ¿Tú le puedes decir a ese señor que yo si pagué cada uno de estos productos que llevo en esta bolsa?, no Sra. tiene que presentar la factura.
De aplaudida y bienvenida, a recluida en un lugar del que no podía salir sin estar presa. Apoyada en la caja, saqué cada una de las cosas que tenía en la cartera, hasta darme cuenta que la tc, la cédula y la factura doblada alrededor de ellas, se había pasado por un bolsillo roto, al fondo. Aquí está, exclamé, al tiempo que le dije a la cajera “mucho aplauso de bienvenida, pero a la primera de cambio te tratan como un ladrón”, se lo repetí al gordo de la puerta, que poco le faltó para decirme que abriera la cartera, para verificar que no me había robado algo.
Finalmente logré salir.
Pero no me podía quedar con esta anécdota, esperando tener la suerte de que alguien de ese negocio lea esto y se den cuenta que los procesos burocráticos y los controles excesivos, además de costarle caro a las empresas (yo no gastaría dinero en el sueldo del gordo de la puerta, que la mayoría de las veces genera cola en la salida), impiden en libre fluido de los procesos, por cuanto no son pensados en el cliente, sino en el control.
Este tipo de controles me da a entender que no confían en sus empleados, a quienes multan y amonestan si llegaran a detectar que permitió la salida de un producto sin su debido pago, no confían en sus clientes, a quienes tratan como ladrones hasta que se demuestre lo contrario, y que no poseen sistemas de seguridad automatizados, como códigos de barras y salidas magnéticas que anuncien casos de verdaderos robos.
Sin ánimos de hacer propaganda, deberían asesorarse con Farmatodo. Quienes tienen pasillos abiertos, cercanos a la salida, sin cajas que obstaculicen esa salida, con un vigilante que está solo mirando (vigilando en realidad), da los buenos días y se despide sin aplaudir y sin obstruir la salida (no pide factura). Así, a mi cliente, se me olvida que entré a un lugar en el que venden bien caro, que en cualquier lugar lo encontraría mucho más barato, y dejo hacerlos creer que creo que todo es por mi bienestar.
Aunque pensándolo bien, ladrón juzga por su condición, será por eso que en Garzón tratan así a sus clientes. Lo que sigo sin entender es los aplausos como bienvenida.
Para Descargar Bandas Sonoras
A propósito de la ley SOPA, quiero compartir este enlace, de donde pueden descargar la banda sonora de sus películas favoritas. http://bandasonora.over-blog.com/
Es un blog interactivo, que se actualiza con mucha frecuencia, en el que se encuentra fácilmente, sin códigos extraños ni lugares cifrados, la música de importantes películas. En los casos que los enlaces no funcionen, pueden escribir un comentario y por lo general los responden dando una solución al problema.
La banda sonora en el cine, representa parte importante del séptimo arte, además de darle fuerza a lo que vemos, puede también elevar la contundencia de lo que dicen las imágenes. Cada día los directores se esfuerzan más por que la música de sus películas sea impactante, verosímil y que diga tanto como el discurso. Entre mis bandas sonoras preferidas están Pull Ficción (aunque todas las de BS de las películas de Tarantino me gustan), Historias de New York, Diario en Motocicleta, La Ola...
Acabo de descargar la Banda sonora de Hugo que está entre las más recientes que subieron al sitio y está genial.
Solo me queda pedir, como leí en un afiche en la red: que “si nos llegan a enviar a la cárcel por descargar música, espero que nos separen por géneros”.
